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Trastorno del Espectro Autista: Síntomas y Tratamientos

Imagen ilustrativa sobre trastorno del espectro autista

Introducción

El trastorno del espectro autista (TEA) es una condición que afecta la comunicación, la interacción social y el comportamiento de quienes presentan este diagnóstico. Estos síntomas están presentes desde la primera infancia y dificultan el funcionamiento cotidiano de la persona. Los mismos incluyen deficiencias en la comunicación, dificultades en la reciprocidad social, patrones de comportamiento repetitivos y restricciones en intereses. Identificar estos signos es fundamental para el diagnóstico (Benites Morales, 2010).

 Se utiliza el término espectro debido a que la etapa del desarrollo en la que el deterioro comienza a ser evidente varía dependiendo de las características del individuo y del entorno. Además, porque la expresión de los síntomas depende de la gravedad del trastorno, la edad y el nivel del desarrollo. Éstos se manifiestan generalmente entre el segundo y tercer año de vida y pueden mejorar con el tiempo, especialmente con intervenciones tempranas (Albores-Gallo et al, 2008).

Lo más importante

  1. Manifestación Variada de Síntomas: El TEA se presenta de diversas formas, desde dificultades en la comunicación hasta patrones de comportamiento repetitivos, destacando la necesidad de comprender la variabilidad en la gravedad y manifestación de la condición.

  2. Etiología Multifactorial: La etiología del TEA es multifactorial, con influencias genéticas, ambientales y neuropsicológicas. Se destaca la importancia de comprender la complejidad de sus causas para abordar de manera efectiva esta condición.

  3. Intervención Temprana y Apoyo Integral: La intervención temprana es clave en el tratamiento del TEA, abordando áreas como el habla, lenguaje, terapia ocupacional y cognitivo-conductual. El apoyo activo de la familia y el entorno, junto con tratamientos adaptados, son fundamentales para mejorar la calidad de vida de quienes viven con TEA.

Trastorno del Espectro Autista y Contexto del Artículo

Antes de sumergirnos en los detalles, es importante contextualizar el Trastorno del Espectro Autista. Esta condición se presenta como un espectro, con manifestaciones que varían en gravedad y características individuales. Este artículo explora sus síntomas, etiología y tratamientos, proporcionando información esencial para comprender y abordar esta compleja condición.

Preguntas Frecuentes

¿Qué es el Trastorno del Espectro Autista?

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición que se manifiesta con deterioro en la comunicación, en la interacción social y en patrones de comportamiento, que pueden ser intereses o actividades restringidas, repetitivas y estereotipadas. Este conjunto de síntomas, presentes desde la primera infancia, impacta significativamente en el funcionamiento cotidiano de la persona (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales-IMSERSO, 2007).

La denominación “espectro” refleja la diversidad de manifestaciones, cuyo inicio y gravedad varían según las características individuales y el entorno. La expresión de los síntomas está influenciada por factores como la gravedad del trastorno, la edad y el nivel de desarrollo del individuo (Benites Morales, 2010).

En el ámbito de la comunicación e interacción social, se observan limitaciones en la reciprocidad social, así como dificultades en los comportamientos comunicativos no verbales. La variedad en las habilidades verbales y no verbales, contribuye a la complejidad del TEA, dificultando la interacción social y el desarrollo de las habilidades necesarias para desarrollar, mantener y comprender las relaciones (Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales-IMSERSO, 2007).

Los impedimentos en las habilidades verbales y no verbales de la comunicación varían dependiendo de la edad, el nivel intelectual y las capacidades lingüísticas de la persona. Algunos individuos con este trastorno presentan una ausencia total del habla debido a un retraso en el desarrollo del lenguaje, mientras que otros tienen dificultades para comprender el habla de los demás, manifiestan ecolalias o la repetición de determinadas sílabas o palabras, y presentan un lenguaje poco natural y demasiado literal (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013).

Considerando los comportamientos comunicativos no verbales, se observa la ausencia de contacto ocular, gestos, expresiones faciales, posturas corporales y tono de voz utilizados para la interacción social. Las personas pueden aprender alguna de estas señales pero su repertorio es más limitado que el de otras personas y no los utilizan de forma espontánea en las conversaciones (Albores-Gallo et al, 2008).

Los desafíos en la reciprocidad socioemocional, evidentes desde la infancia, se traducen en dificultades para iniciar contacto social, compartir emociones y desarrollar habilidades de imitación. Estos obstáculos persisten en la edad adulta, generando ansiedad y esfuerzo en situaciones sociales nuevas (Albores-Gallo et al, 2008).

Las personas con TEA pueden mostrar una ausencia de interés social, rechazo a otras personas, y comportamientos inapropiados. En niños, se refleja en juegos sociales inflexibles, mientras que en adultos se manifiesta en dificultades para comprender normas sociales y diferentes formas de lenguaje (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013).

Los comportamientos, actividades e intereses restringidos y repetitivos son distintivos del TEA, incluyendo movimientos estereotipados, inflexibilidad en rutinas y reacciones extremas a estímulos sensoriales. La gravedad del trastorno varía, afectando la capacidad de adaptación a cambios y organización, lo cual impacta negativamente en el desempeño académico y cotidiano (Albores-Gallo et al, 2008).

En los niños pequeños, las carencias en las habilidades sociales y de comunicación pueden impedir el aprendizaje. En el hogar, la insistencia en mantener las rutinas y la sensibilidad sensorial pueden obstaculizar los cuidados cotidianos, como comer y dormir (Albores-Gallo et al, 2008).

Muchas personas con este trastorno también manifiestan un deterioro intelectual o del lenguaje, deficiencias motoras, como una manera torpe o extraña de caminar, y son más propensos a los comportamientos problemáticos o las autolesiones. Los adolescentes y adultos muestran una tendencia a la ansiedad y a la depresión.

La gravedad del trastorno se encuentra determinada por el deterioro en la comunicación social y por los patrones de comportamientos repetitivos. Éstos pueden variar dependiendo el contexto y cambiar con el tiempo, por lo que ambas características deben ser evaluadas de forma separada (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013).

¿Cuáles son los síntomas?

Sintomas del Trastorno del Espectro Autista

El Trastorno del Espectro Autista se caracteriza por la presencia de los siguientes síntomas que se manifiestan durante el primer período del desarrollo, abarcando áreas fundamentales de la comunicación, la interacción social y patrones de comportamiento. Estos síntomas incluyen (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013):

  • Deficiencias persistentes en la comunicación e interacción social en diversos contextos.
  • Dificultades en la reciprocidad socioemocional: se observa un acercamiento social inusual, fracaso en el inicio y mantenimiento del contacto social o conversación, y una disminución en el interés por compartir emociones o afectos.
  • Alteraciones en los comportamientos comunicativos no verbales: manifestadas en una comunicación verbal y no verbal poco integrada, ausencia de contacto visual y lenguaje corporal, así como dificultades para comprender y utilizar expresiones faciales o gestos.
  • Impedimentos en el desarrollo, mantenimiento y comprensión de las relaciones: se evidencian dificultades para adaptar la conducta a diversos contextos, compartir juegos o hacer amigos, y una aparente ausencia de interés por otras personas.
  • Patrones restrictivos y repetitivos de comportamientos, intereses o actividades.
  • Movimientos, utilización de objetos o habla estereotipada y repetitiva.
  • Insistencia en la monotonía y excesiva inflexibilidad en las rutinas: se observan patrones ritualizados de comportamientos que pueden afectar la adaptación a cambios.
  • Intereses muy restringidos y fijos: estos intereses suelen ser inusuales en cuanto a su intensidad o foco.
  • Híper o hiporeactividad a los estímulos sensoriales: algunos individuos pueden mostrar un interés inusual por aspectos sensoriales del entorno.

¿Cómo evoluciona el TEA?

El TEA tiene su origen en el período de gestación y persiste a lo largo de la vida del individuo. Los síntomas suelen manifestarse desde el segundo año de vida, aunque en algunos casos más graves pueden hacerse evidentes antes de los 12 meses, o de manera más sutil después de los 24 meses (Cuadrado & Valiente, 2010).

El diagnóstico del trastorno suele realizarse alrededor de los 3 años de edad, impulsado por la preocupación de los padres ante la falta de comunicación o la sospecha de posibles deficiencias auditivas en el niño. La detección temprana se centra en la observación de la ausencia de contacto ocular, juego imaginativo o simbólico, atención conjunta e imitación.

Los primeros síntomas del TEA incluyen un retraso en el desarrollo del lenguaje, falta de interés o contacto social inusual. Algunos niños pueden experimentar una detención o regresión después de un período de desarrollo normal, acompañado de un gradual deterioro en los comportamientos sociales y el lenguaje (Cuadrado & Valiente, 2010).

A partir del segundo año de vida, los comportamientos extraños, repetitivos y la ausencia de juego se vuelven más notorios. Aunque muchos niños pequeños tienen preferencias específicas o disfrutan de la repetición, la diferencia en el TEA se establece por el tipo, frecuencia e intensidad de estas conductas.

Es importante destacar que el Trastorno del Espectro Autista no es degenerativo, y el aprendizaje compensatorio continúa a lo largo de la vida. Aunque los síntomas son más evidentes durante la primera infancia y el inicio de la escolaridad, tienden a mejorar en la infancia tardía y adolescencia. Sin embargo, sólo una minoría de individuos logra vivir y trabajar de manera independiente en la adultez. Estos individuos suelen exhibir una mayor capacidad lingüística e intelectual, encontrando áreas donde desplegar sus habilidades e intereses (Benites Morales, 2010).

¿Cuáles son las causas?

A pesar de los avances en la investigación, la etiología del autismo sigue siendo un tema controvertido y complejo. Actualmente, se reconoce que el TEA tiene un origen multifactorial, involucrando diversos factores genéticos, psicológicos y ambientales (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013).

  • Factores Genéticos:
    • No existen marcadores biológicos específicos para el diagnóstico del trastorno, pero estudios en gemelos monocigóticos y dicigóticos indican un alto índice de heredabilidad.
    • Se ha asociado el TEA con mutaciones genéticas conocidas, involucrando varios cromosomas.
  • Factores Ambientales:
    • Algunos factores ambientales pueden contribuir al desarrollo del TEA, como el bajo peso al nacer, la edad avanzada de los padres y la exposición del feto al valproato.
  • Factores Neuropsicológicos:
    • Alteraciones en el funcionamiento ejecutivo y el procesamiento de la información sensorial y emocional son características del TEA.
    • La “ceguera mental” asociada con la falta de desarrollo de la Teoría de la Mente dificulta la interpretación de las creencias y deseos de otras personas, así como la diferenciación entre estados mentales y físicos.
    • Las regiones cerebrales clave involucradas son los lóbulos frontales y la amígdala.
    • La teoría del déficit en las funciones ejecutivas destaca una alteración en la actividad del córtex prefrontal y la amígdala, contribuyendo a comportamientos rígidos, perseverantes y rutinarios, ansiedad ante cambios, falta de espontaneidad y dificultades en la empatía.

La interacción compleja de estos factores hace que cada caso de TEA sea único. Es esencial comprender que la investigación continúa para mejorar nuestra comprensión de las causas y los mecanismos subyacentes al trastorno.

¿Cuáles son los tratamientos más eficaces para el TEA?

La identificación temprana de las alteraciones en el desarrollo es crucial, y los padres a menudo juegan un papel fundamental en este proceso. El camino hacia el diagnóstico puede ser estresante, y es esencial que los profesionales proporcionen el apoyo necesario durante esta etapa, guiando a los padres en el cuidado de sus hijos (Benites Morales, 2010).

Es fundamental adaptar la intervención a las características individuales de cada niño, promoviendo un enfoque interdisciplinario que involucre a médicos, profesores, psicólogos, psicopedagogos, fonoaudiólogos, y otros profesionales. Las personas con TEA enfrentan dificultades en áreas como la comunicación, el lenguaje, el juego, la imaginación, el autocontrol y las relaciones sociales, y el tratamiento se enfoca en posibilitar la incorporación de estas habilidades necesarias para desenvolverse en la sociedad (Cuadrado & Valiente, 2010).

La detección temprana y la intervención precoz son fundamentales. El tratamiento integral puede incluir terapia del habla y del lenguaje, terapia física u ocupacional, así como la terapia cognitivo-conductual. Estas intervenciones ayudan a reducir comportamientos inadecuados, mejorar la flexibilidad, optimizar la comunicación y desarrollar un lenguaje funcional, contribuyendo significativamente a mejorar la calidad de vida del individuo con TEA (Albores-Gallo et al, 2008).

El enfoque terapéutico busca aprovechar las fortalezas y capacidades únicas de cada niño, trabajando para desarrollar las habilidades que puedan estar ausentes y abordando los comportamientos que puedan obstaculizar su desarrollo y aprendizaje (Benites Morales, 2010).

Es fundamental comprender esta compleja condición y abordarla de manera integral, considerando la diversidad de manifestaciones y adaptando estrategias de intervención a las necesidades individuales (Cuadrado & Valiente, 2010).

Especificaciones a tener en cuenta del TEA: Recomendaciones

Recomendaciones  para la familia y el entorno 

Participación Activa de los Padres (Cuadrado & Valiente, 2010):

  • Involucrarse en el proceso de tratamiento acompañando al niño.
  • Motivar y reconocer los logros y progresos del individuo con TEA.
  • Generar oportunidades para practicar habilidades aprendidas en el hogar.

Ambiente Estructurado y Predecible:

  • Crear un entorno en casa que sea estructurado y predecible.
  • Facilitar la comprensión del entorno para el individuo con autismo.

Apoyo Social Familiar y de Amigos:

  • Fomentar la participación activa de la familia y amigos.
  • Reconocer el papel crucial que la red de apoyo social desempeña a lo largo del crecimiento.

Respeto al Ritmo de Aprendizaje:

  • En el contexto educativo, respetar el ritmo de aprendizaje del niño con TEA.
  • Evitar forzar o invadir, permitiendo un desarrollo natural y adaptado.

Plan de Acción Individualizado:

  • Establecer un plan de acción individualizado con objetivos específicos.
  • Ajustar el plan de acuerdo a las necesidades particulares del individuo.

Identificación de Condiciones para el Aprendizaje:

  • Identificar condiciones que favorezcan o obstaculicen el aprendizaje.
  • Adaptar el contexto educativo para contribuir al desarrollo integral del niño con TEA (Cuxart  & Fina, 2001).

Resumen

En conclusión, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) es una condición compleja que afecta la comunicación, la interacción social y los patrones de comportamiento desde la infancia. La diversidad en la manifestación de síntomas y la variabilidad en la gravedad del trastorno hacen que sea fundamental una comprensión integral y personalizada. 

Abordar el TEA de manera integral implica considerar la diversidad de manifestaciones, comprender la complejidad de sus causas y promover intervenciones personalizadas desde la detección temprana. El apoyo activo de la familia y el entorno, junto con tratamientos adaptados, son pilares para mejorar la calidad de vida de quienes viven con TEA.

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Referencias Bibliográficas

  • Albores-Gallo, L., Hernández-Guzmán, L., Díaz-Pichardo, J. A., & Cortes-Hernández, B. (2008). Dificultades en la evaluación y diagnóstico del autismo. Una discusión. Salud Mental, 31(1), 37-44.
  • Asociación Americana de Psiquiatría. (2013). Trastornos del neurodesarrollo. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5), (pp. 31-59). Buenos Aires: Editorial Médica Panamericana.
  • Benites Morales, L. (2010). Autismo, familia y calidad de vida. Cultura: Lima (Perú), 24, 1-20.
  • Cuadrado, P. & Valiente, S. (2010). Niños con autismo y TGD. ¿Cómo puedo ayudarles? Madrid, España: Editorial Síntesis.
  • Cuxart, F., & Fina, L. (2001). El autismo: aspectos familiares. Project On-line trainautism, 1-18.
  • Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales-IMSERSO. (2007). Un niño con autismo en la familia. Guía básica para familias que han recibido un diagnóstico de autismo para su hijo o hija. Salamanca, España: Universidad de Salamanca.