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Trastorno de Ansiedad Social: Síntomas y Tratamientos

Portada alusiva del trastorno de ansiedad social
Índice de Contenido

Lo más importante

  • La ansiedad social es una reacción común, pero el trastorno implica ansiedad intensa y persistente en situaciones sociales.
  • Los síntomas abarcan niveles fisiológicos, cognitivos y conductuales, afectando la calidad de vida.
  • El tratamiento efectivo incluye opciones psicoterapéuticas y farmacológicas, siendo el cognitivo conductual el más respaldado.

Contexto del artículo

En el trasfondo de esta exhaustiva exploración sobre el trastorno de ansiedad social, se adentrará en la complejidad de una reacción común que evoluciona hacia un desafío más significativo. Este análisis detallado busca arrojar luz sobre los matices intrincados de este trastorno, destacando sus impactos en la vida cotidiana y explorando estrategias terapéuticas efectivas. Sumérjase en este viaje informativo, donde se subraya la crucial participación de los familiares en el proceso terapéutico, por lo que se insta a los lectores a comprender de manera profunda y empática la complejidad de la ansiedad social convertida en trastorno.

Preguntas Frecuentes

¿Qué es la ansiedad social?

La ansiedad social se manifiesta como una respuesta emocional común ante interacciones interpersonales, donde la motivación personal por causar una impresión positiva, ser aceptado o reconocido juega un papel crucial. Esta experiencia, compartida por muchos, refleja la complejidad de las relaciones humanas y la búsqueda constante de conexión y aprobación en entornos sociales (Leichsenring y Leweke, 2017).

¿Qué es el trastorno de ansiedad social?

El trastorno de ansiedad social se define como una manifestación intensa y persistente de ansiedad que se desencadena en una o más situaciones sociales. En estas circunstancias, la persona experimenta el temor constante de ser evaluada negativamente por individuos ajenos a su círculo íntimo. Este miedo se origina ante la posibilidad de ser percibido de manera vergonzosa, humillante o al demostrar evidentes síntomas de ansiedad, generando un temor profundo al rechazo (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013).

El problema radica en que la ansiedad social alcanza niveles tan elevados que obstaculizan la capacidad de la persona para enfrentar adecuadamente las situaciones sociales. Este trastorno puede manifestarse de diversas maneras, como la evitación de interacciones sociales o la incapacidad para desplegar los recursos necesarios, resultando en un malestar significativo.

Es muy frecuente que aparezcan dificultades para:

  • Iniciar o mantener una conversación.
  • Hablar en público frente a una audiencia.
  • Interactuar con figuras de autoridad.
  • Acercarse a personas por las que se siente atraído.
  • Asistir a eventos sociales.
  • Expresar desacuerdo.
  • Recibir cumplidos.

Estas dificultades asociadas limitan la capacidad de la persona para participar plenamente en diversas situaciones sociales, impactando significativamente su vida cotidiana.

Dificultades de la ansiedad social: Iniciar o mantener una conversación. Hablar en público frente a una audiencia. Interactuar con figuras de autoridad. Acercarse a personas por las que se siente atraído. Asistir a eventos sociales. Expresar desacuerdo. Recibir cumplidos.

¿Es lo mismo que ser tímido?

La timidez y el trastorno de ansiedad social se distinguen claramente. La timidez representa un rasgo de personalidad, una inclinación que hace que a algunas personas les resulte un poco más desafiante interactuar con otros y exponerse a situaciones sociales. Aunque quienes son tímidos pueden experimentar niveles elevados de ansiedad, los síntomas físicos típicos no suelen desencadenar patrones de conducta evitativa, y, por ende, no afectan negativamente el funcionamiento psicosocial de la persona (Ran, Zhang, y Huang, 2018).

En contraste, el trastorno de ansiedad social se manifiesta cuando la ansiedad social experimentada lleva a la evasión de compromisos sociales, la limitación de actividades y, en última instancia, obstaculiza el desarrollo personal, laboral y emocional. La diferencia clave radica en el impacto significativo en la vida diaria de quienes padecen el trastorno (Poole, Van Lieshout, y Schmidt, 2017).

Por lo que, la timidez refleja una característica intrínseca de cómo nos relacionamos con el mundo, sin ejercer un impacto sustancial en la vida. Las personas tímidas pueden ser menos sociables, pero aún así son capaces de formar relaciones, desempeñarse bien en el trabajo, participar en eventos sociales y construir un círculo de amigos.

¿Qué se sabe de las causas y desarrollo?

El trastorno de ansiedad social no tiene una causa única; más bien, su origen se atribuye a la interacción de diversos factores biológicos y características psicológicas, enmarcados dentro de un contexto cultural y familiar específico. Cuando se enfrenta a situaciones sociales, la persona con este trastorno tiende a concentrarse en las sensaciones físicas, pensamientos negativos sobre sí misma y su desempeño, así como en las posibles consecuencias negativas de su conducta, como el rechazo, la humillación o la desaprobación (Cascardo & Resnik, 2016).

Para aliviar su malestar, opta por evitar la situación social o recurrir a medidas de seguridad. Aunque esta estrategia brinda una reducción temporal del malestar, la evitación solo refuerza el miedo y la ansiedad a largo plazo. Se crea así un círculo vicioso de pensamientos temerosos y conductas evitativas que la persona incorpora a su vida diaria y que debe desaprender.

La resolución del problema implica la necesidad de incorporar nuevas estrategias más adaptativas para enfrentar las situaciones sociales a pesar de la ansiedad experimentada. Este proceso de desaprendizaje y adquisición de habilidades adaptativas es fundamental para romper el ciclo y mejorar la calidad de vida de quienes padecen este trastorno.

¿Cómo evoluciona?

En el contexto argentino, el trastorno de ansiedad social ha sido objeto de atención en estudios epidemiológicos, como el realizado en 2017. Este reveló que aproximadamente uno de cada siete adultos argentinos, residentes en áreas urbanas, experimentó un trastorno mental en el año previo a la investigación. Los trastornos de ansiedad destacaron con la mayor prevalencia (16,4%), seguidos de los trastornos del estado del ánimo (12,3%). Estos datos subrayan la relevancia y la frecuencia de los trastornos mentales en la vida de las personas, evidenciando que la ansiedad es una experiencia más común de lo que se podría suponer en la sociedad argentina (Stagnaro, et al.,  2017).

En particular, el trastorno de ansiedad social se posiciona como el segundo cuadro más prevalente en Argentina, después de la fobia específica, según otros estudios. Este trastorno puede manifestarse de diversas maneras: desde un inicio repentino a raíz de una experiencia estresante o humillante hasta un desarrollo gradual y casi imperceptible, llevando a muchos a afirmar que siempre ha estado presente en sus vidas (Cía et al., 2018). Es una patología que tiende a tener una evolución crónica, y la remisión total o parcial de los síntomas es posible con el tratamiento adecuado, proporcionando esperanza a quienes buscan superar este desafío emocional.

¿Cuáles son los tratamientos disponibles?

En la actualidad, existe respaldo científico que respalda la efectividad de diversas opciones terapéuticas para abordar el trastorno de ansiedad social. Los enfoques terapéuticos abarcan tanto tratamientos psicológicos como farmacológicos, brindando a quienes enfrentan este desafío opciones variadas para buscar alivio (Ortiz et al., 2019).

Dentro de los tratamientos psicológicos, el enfoque cognitivo conductual destaca como el más eficaz y con resultados probados. Este enfoque se basa en un diseño de plan de tratamiento que incorpora técnicas específicas. Se centra en cuestionar y modificar los patrones de pensamiento negativos asociados con la ansiedad social. Además, emplea estrategias de exposición controlada, con el objetivo de eliminar las conductas de evitación que perpetúan el ciclo de la ansiedad (Beck, 2013). Al aprender estrategias más adaptativas, las personas pueden enfrentar de manera más efectiva las situaciones sociales, mejorando su calidad de vida y bienestar emocional.

 

imagen alusiva de una mujer con ansiedad

¿Cómo pueden ayudar los familiares y personas cercanas?

En diversas circunstancias, aquellos que rodean al paciente pueden reaccionar de distintas maneras ante el trastorno de ansiedad social. En algunos casos, muestran comprensión por el malestar del paciente, pero su deseo de protegerlos los lleva a fomentar la evitación de situaciones sociales. Por otro lado, hay casos en los que los allegados minimizan el sufrimiento, sin lograr comprender completamente la complejidad de este trastorno, y tienden a presionar al paciente para que se exponga a situaciones que le generan ansiedad (Gómez-Ortiz, Casas, y Ortega-Ruiz, 2016).

Es crucial subrayar la importancia de que la familia y personas cercanas busquen y adquieran información precisa sobre el trastorno de ansiedad social. Este conocimiento les permitirá comprender mejor las razones detrás del plan terapéutico y, por ende, mejorar su capacidad para brindar un apoyo efectivo. Es esencial que entiendan que el tratamiento es una vía efectiva para ayudar al individuo que enfrenta la ansiedad social y que seguir ciertas indicaciones facilitará el acompañamiento adecuado en el proceso terapéutico.

Especificaciones

Los síntomas del trastorno de ansiedad social abarcan tres niveles distintos: fisiológico, cognitivo y conductual, manifestándose de diversas maneras en cada uno (Pelissolo, 2019).

    • Nivel Fisiológico:
      • Sudoración: Puede surgir en situaciones sociales, generando incomodidad y marcando un aumento en la ansiedad.
      • Ruborizarse: Experimentar enrojecimiento facial, evidencia visible del malestar interno.
      • Palpitaciones, taquicardia: Aceleración del ritmo cardíaco, un síntoma físico tangible de la ansiedad social.
      • Falta de aire (hiperventilación): Respiración superficial y rápida, agravando la sensación de malestar.
      • Dolor o molestia gastrointestinal: Malestar estomacal, un componente físico adicional de la ansiedad social.
      • Temblores: Movimientos involuntarios, indicadores visibles de la ansiedad.
      • Voz entrecortada: Alteración en la voz, reflejo de la tensión emocional.
      • Tensión muscular: Rigidez y tensión en los músculos, una respuesta corporal común ante la ansiedad.
  • Nivel Cognitivo: se trata de todas aquellas ideas o pensamientos acerca de cómo será evaluado negativamente por los demás y las consecuencias catastróficas que imagina que tendrán sus conductas.
      • Pensamientos negativos sobre su desempeño: Autoevaluación negativa que socava la confianza en habilidades sociales.
      • Creencia de que los demás notan sus síntomas: Sensación de exposición y juicio constante de los demás.
      • Creencia de no saber cómo comportarse adecuadamente: Incertidumbre sobre las normas sociales, alimentando la ansiedad.
      • Creencias negativas sobre sí mismo: Desvalorización personal, contribuyendo a la ansiedad.
  • Nivel Conductual:   tendencia a evitar situaciones sociales y adoptar medidas de seguridad como:
    • Evitar mirar a los ojos o desviar la mirada: Estrategia para minimizar la sensación de ser observado.
    • Llegar primero o último a cierto lugar: Evitar el centro de atención al entrar o salir discretamente.
    • Ubicarse en lugares estratégicos en reuniones: Buscar zonas menos visibles para sentirse más cómodo.
    • Tomar alcohol o ansiolíticos para relajarse: Automedicación como respuesta a la ansiedad social.
    • Buscar todo el tiempo permanecer cerca de personas conocidas: Buscar seguridad en la familiaridad.
    • Ensayar exhaustivamente qué es lo que se va a decir y cómo: Preparación meticulosa para reducir la ansiedad de improvisar.

Resumen

Concluyendo esta inmersión en el trastorno de ansiedad social, se revela un panorama detallado y esclarecedor sobre este desafío psicológico. Desde la evolución de la ansiedad social común hasta el complejo trastorno, el análisis ha iluminado los matices que caracterizan esta transformación. Se destaca la importancia de estrategias terapéuticas efectivas, con énfasis en la participación esencial de los familiares en el proceso de curación.

La distinción clave entre la ansiedad social y el trastorno se subraya, destacando cómo este último impacta en niveles fisiológicos, cognitivos y conductuales. A través de datos epidemiológicos, se evidencia la relevancia significativa del trastorno en la sociedad argentina, resaltando la necesidad de abordarlo desde una perspectiva informada y compasiva.

El tratamiento emerge como una senda esperanzadora, respaldada por enfoques psicoterapéuticos y farmacológicos. La exploración minuciosa de los síntomas revela la complejidad de la experiencia del individuo, manifestándose en diferentes niveles de su ser. Además, se presenta la evolución del trastorno y la posibilidad alentadora de remisión con intervenciones terapéuticas adecuadas.

En resumen, esta exposición aspira a sensibilizar y empoderar, brindando una comprensión profunda del trastorno de ansiedad social y allanando el camino hacia la superación de este desafío emocional. La invitación a los lectores es no solo absorber la información, sino sumergirse en la complejidad de la ansiedad social convertida en trastorno, fomentando así la empatía y el apoyo hacia quienes lo experimentan.

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Referencias Bibliográficas

  • Asociación Americana de Psiquiatría (2013).  Trastornos de ansiedad. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM 5), (pp. 189-234). Buenos Aires, Argentina: Editorial Médica Panamericana.
  • Beck, A. T. (2013). Terapia cognitiva para trastornos de ansiedad. Desclée De Brouwer.
  • Cascardo, E., & Resnik, P. E. (2016) Ansiedad, estrés, pánico y fobias. 100 preguntas, 101 respuestas. Buenos Aires, Argentina: Ediciones B Argentina.
  • Cía, A. H., Stagnaro, J. C., Gaxiola, S. A., Vommaro, H., Loera, G., Medina-Mora, M. E., & Kessler, R. C. (2018). Lifetime prevalence and age-of-onset of mental disorders in adults from the Argentinean Study of Mental Health Epidemiology. Social psychiatry and psychiatric epidemiology, 53(4), 341-350.
  • Gómez-Ortiz, O., Casas, C., & Ortega-Ruiz, R. (2016). Ansiedad social en la adolescencia: factores psicoevolutivos y de contexto familiar. Behavioral Psychology/Psicología Conductual, 24(1).
  • Leichsenring, F., & Leweke, F. (2017). Social anxiety disorder. New England Journal of Medicine, 376(23), 2255-2264.
  • Ortiz, C., García, F., Farfallini, L., Fernández Álvarez, H. (2019). Conceptualización y Tratamiento de los Trastornos de Ansiedad: Guías Clínicas, (pp 131-193). Buenos Aires: Akadia.
  • Pelissolo, A. (2019). Trastornos de ansiedad y fóbicos. EMC-Tratado de Medicina, 23(2), 1-8.
  • Poole, K. L., Van Lieshout, R. J., & Schmidt, L. A. (2017). Exploring relations between shyness and social anxiety disorder: The role of sociability. Personality and Individual Differences, 110, 55-59.
  • Ran, G., Zhang, Q., & Huang, H. (2018). Behavioral inhibition system and self-esteem as mediators between shyness and social anxiety. Psychiatry research, 270, 568-573.
  • Stagnaro, J. C., Cía, A., Vázquez, N., Vommaro, H., Nemirovsky, M., Serfaty, E., & Kessler, R. (2017). Estudio epidemiológico de salud mental en población general de la República Argentina. V Xerte, 275.

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