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Trastorno Bipolar: Explorando Síntomas y Tratamiento

Imagen alusiva del trastorno bipolar

El trastorno bipolar, una enfermedad mental que desencadena fluctuaciones extremas en el estado de ánimo, lleva a quienes lo experimentan por un vaivén entre la exaltación y la melancolía. Esta compleja condición no solo impacta la vida interior del individuo, sino que también arroja sus sombras sobre el entorno, generando desafíos en las relaciones interpersonales y propiciando comportamientos riesgosos. Lamentablemente, el estigma social se suma a las dificultades, contribuyendo a un aislamiento que afecta significativamente la calidad de vida.

En este artículo, se explorarán detalladamente los aspectos del trastorno bipolar, desde sus síntomas hasta sus tipos y causas, para luego sumergirse en las estrategias de tratamiento esenciales. Sin embargo, más allá de la información clínica, se enfatiza la importancia crucial de la conciencia y la comprensión en torno al trastorno bipolar. La creación de un entorno empático y de apoyo se erige como pilar fundamental tanto para el paciente como para quienes lo rodean, contribuyendo a construir una red que atenúe los impactos devastadores de esta compleja afección. Enfrentar el trastorno bipolar implica no sólo comprender sus aspectos clínicos, sino también reconocer la humanidad detrás de la enfermedad y fomentar un terreno propicio para la recuperación.

Entendiendo al Trastorno Bipolar

¿Qué es un trastorno bipolar?

El trastorno bipolar se revela como una compleja enfermedad mental que sumerge a quienes la experimentan en un torbellino emocional, manifestándose a través de fluctuaciones extremas en el estado de ánimo. Este trastorno se caracteriza por la alternancia entre dos polos opuestos de la emocionalidad humana: la fase maníaca y la fase depresiva. 

Durante la fase maníaca, los individuos experimentan una exaltación intensa, euforia y un optimismo desbordante. En este estado, la persona puede exhibir comportamientos impulsivos, hablar de manera acelerada sobre diversos temas y sentirse invulnerable. Paralelamente, la fase depresiva sumerge al individuo en un estado de ánimo deprimido, dominado por la tristeza, la inhibición y la pérdida de interés o placer en las actividades cotidianas.

Estas alternancias de estados de ánimo no son pasajeras ni leves; pueden persistir durante varias semanas, impactando significativamente en la vida diaria. Lo distintivo del trastorno bipolar radica en la intensidad de estos síntomas, que va más allá de los altibajos emocionales considerados normales. El trastorno no solo afecta la esfera individual, sino que también tiene ramificaciones en el ámbito laboral, educativo y social (Lorenzo Pontevedra, 2015).

El reconocimiento de estos cambios drásticos en el comportamiento resulta esencial, ya que el trastorno bipolar puede desencadenar comportamientos difíciles de comprender para aquellos que rodean al individuo afectado. Las relaciones interpersonales tienden a deteriorarse, y en casos extremos, pueden surgir conductas peligrosas, incluyendo autolesiones o intentos de suicidio.

Lamentablemente, la estigmatización social añade una capa adicional de dificultad, ya que quienes padecen trastorno bipolar a menudo enfrentan discriminación y aislamiento. Este fenómeno repercute negativamente en la calidad de vida de los afectados, subrayando la necesidad crítica de comprender la naturaleza del trastorno bipolar y abogar por una mayor conciencia social. 

Síntomas Característicos del Trastorno Bipolar

El trastorno bipolar se manifiesta a través de dos fases fundamentales que dan forma a sus síntomas distintivos: los episodios maníacos y los episodios depresivos. Estas fases revelan alteraciones significativas en el estado de ánimo, acompañadas de cambios notables en el comportamiento y la percepción de la energía, que pueden ser observados fácilmente por quienes rodean a la persona afectada.

Episodios Maníacos:

  • Sentimientos de euforia, exaltación y alegría extrema: La persona experimenta emociones positivas intensas y desbordantes.
  • Inquietud, irritabilidad o gran sensibilidad: Se observa un aumento en la agitación y una menor tolerancia a la frustración.
  • Aumento de la autoestima o sentimiento de grandeza: La persona puede desarrollar una percepción exagerada de su valía personal.
  • Disminución de la necesidad de dormir: Se evidencia una reducción significativa en la cantidad de sueño requerida.
  • Hablar más de lo habitual, con rapidez y sobre diversos temas al mismo tiempo: La comunicación se vuelve acelerada y abordando múltiples temas simultáneamente.
  • Sensación de que los pensamientos van a gran velocidad: Existe una percepción subjetiva de que los pensamientos se suceden rápidamente.
  • Falta de atención, tendencia a centrarse en estímulos externos poco importantes o irrelevantes: La concentración se ve afectada, y la persona se distrae fácilmente.
  • Aumento en el nivel de actividad: Se experimenta una hiperactividad, creyéndose capaz de realizar múltiples tareas simultáneamente.
  • Participación en actividades con grandes posibilidades de tener consecuencias negativas o incluso riesgosas: Pueden surgir comportamientos impulsivos, como realizar inversiones imprudentes, gastos excesivos o prácticas sexuales sin precaución.

Episodios Depresivos:

  • Ánimo deprimido la mayor parte del día, casi todos los días: Predomina una sensación generalizada de tristeza y desánimo.
  • Tristeza, sentimientos de vacío y desesperanza: Emociones negativas intensas que impactan la percepción del individuo.
  • Disminución importante del interés o placer por todas o casi todas sus actividades habituales: Pérdida de interés en actividades que antes resultaban gratificantes.
  • Variaciones en el apetito, pérdida importante de peso sin hacer dieta o aumento de peso: Cambios significativos en los hábitos alimenticios que afectan el peso corporal.
  • Dificultades para conciliar el sueño o dormir más horas de lo habitual: Alteraciones en el patrón de sueño, ya sea insomnio o hipersomnia.
  • Cansancio o poca energía: Sensación persistente de fatiga y falta de vitalidad.
  • Disminución en la capacidad para concentrarse o recordar cosas: Dificultades cognitivas que afectan la atención y la memoria.
  • Pensamientos recurrentes acerca de la muerte o suicidio: Ideación suicida o reflexiones obsesivas sobre la muerte.

Es crucial destacar que las personas con trastorno bipolar también pueden experimentar “episodios mixtos”, donde se manifiestan síntomas de ambas fases simultáneamente. La rapidez con la que estos episodios se suceden puede dar lugar a un patrón de “ciclación rápida”. La complejidad de estos síntomas resalta la importancia de una evaluación clínica precisa para evitar diagnósticos incorrectos durante las fases depresivas, donde la búsqueda de ayuda puede ser más evidente que durante las fases maníacas.

Tipos de Trastornos Bipolares

Tipos de trastorno bipolar. Tipo 1: se distingue por fases maníacas intensas y fases depresivas y el Tipo 2 se caracteriza por depresiones intensas y fases de euforia moderadas que se denominan hipomanía

El trastorno bipolar se manifiesta de manera única en cada individuo, sin embargo, con el fin de orientar el tratamiento, se han establecido dos categorías principales que consideran la intensidad de los síntomas y sus consecuencias (Asociación Americana de Psiquiatría, 2013):

  • Tipo I:
    • Caracterizado por fases maníacas intensas y fases depresivas.
    • Durante las fases maníacas, pueden aparecer delirios, como la creencia del individuo de tener poderes especiales, como ser capaz de controlar eventos o creerse una entidad divina.
    • Las alucinaciones pueden estar presentes, como voces que dan órdenes o insultan, creando experiencias perceptuales que no tienen base en la realidad.
    • En las fases depresivas, los síntomas incluyen tristeza profunda, apatía, lentitud de movimientos, ansiedad, insomnio y pérdida del apetito.
    • Lo central en este diagnóstico es la intensidad de los síntomas, causando malestar significativo y un marcado deterioro en lo social, laboral y otras áreas importantes de la vida del individuo.
  • Tipo II:
    • Se caracteriza por depresiones intensas y fases de euforia moderada, denominadas hipomanía.
    • Las fases de hipomanía pueden parecer un cambio temperamental o de carácter.
    • Se asocia a un cambio inequívoco en el funcionamiento que no es característico del individuo sin síntomas.
    • Las personas cercanas pueden notar más sociabilidad, menos timidez o mayor actividad durante las fases hipomaníacas.
    • A diferencia del tipo I, los síntomas no son lo suficientemente graves como para causar una alteración importante en el funcionamiento social o laboral, y generalmente no requieren hospitalización.

Estas dos categorías proporcionan una base para la comprensión y el abordaje del trastorno bipolar, reconociendo la diversidad de manifestaciones sintomáticas en cada individuo (Bonnín, et al., 2019). Un diagnóstico preciso es esencial para adaptar estrategias de tratamiento que aborden específicamente las necesidades de cada tipo de trastorno bipolar, permitiendo así un enfoque más efectivo y personalizado.

Causas y Evaluación

Causas del Trastorno Bipolar

La complejidad del trastorno bipolar hace que su origen no pueda atribuirse a una única causa, sino que resulta de la interacción de diversos factores biológicos, psicológicos, y situacionales dentro de un contexto cultural y familiar específico. El entendimiento de estas causas es fundamental para un abordaje comprensivo de la enfermedad. Entre los factores relevantes se encuentran (Ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad, 2012):

  • Vulnerabilidad Genética:
    • Se ha demostrado una predisposición genética al trastorno bipolar. Las personas con antecedentes familiares de primer grado, como padres o hermanos afectados, tienen una mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad.
  • Cambios a Nivel Cerebral:
    • Alteraciones en la estructura cerebral han sido identificadas en individuos con trastorno bipolar. Estas variaciones pueden influir en la regulación del estado de ánimo y la función cognitiva, contribuyendo al desarrollo de la enfermedad.
  • Estrés y Experiencias Traumáticas:
    • Periodos de elevado estrés, como la pérdida de un ser querido o experiencias traumáticas, han sido identificados como desencadenantes potenciales. Estos eventos pueden actuar como catalizadores para el inicio de los síntomas en personas genéticamente vulnerables.
  • Contexto Cultural y Familiar:
    • El entorno cultural y familiar desempeña un papel crucial. La dinámica familiar, la exposición a patrones de comportamiento y la influencia cultural pueden afectar la expresión y evolución del trastorno bipolar.

Evolución y Desarrollo del Trastorno Bipolar

El trastorno bipolar presenta un curso variable a lo largo de la vida de quienes lo padecen, influenciado por diversos factores como la edad de inicio, la frecuencia de episodios y la efectividad del tratamiento. Aquí se destacan aspectos clave relacionados con la evolución y desarrollo de la enfermedad:

  • Inicio en la Adolescencia o Adultez:
    • El trastorno bipolar puede manifestarse por primera vez en la adolescencia tardía, alrededor de los 18 años para el tipo I y ligeramente más tarde, hacia los 20 años, para el tipo II. Este periodo de inicio temprano resalta la importancia de la identificación y intervención precoz.
  • Curso Recurrente:
    • A pesar de períodos asintomáticos con un tratamiento eficaz, es común que los episodios maníacos/hipomaníacos y depresivos reaparezcan en algún momento. Más del 90 % de quienes experimentan un único episodio maníaco tendrán recurrencias, y aproximadamente el 60 % de los episodios maníacos precederán a una depresión mayor.
  • Riesgo de Suicidio:
    • El trastorno bipolar conlleva un riesgo significativo de suicidio, estimándose que los pacientes tienen un riesgo 15 veces superior al de la población general. Se destaca que el trastorno bipolar representa una proporción considerable de los suicidios consumados, subrayando la urgencia de un abordaje efectivo y la importancia de la detección temprana.
  • Progresión sin Tratamiento:
    • La falta de tratamiento adecuado puede llevar a una progresión negativa de la enfermedad con el tiempo. Sin intervención, el trastorno bipolar tiende a empeorar, afectando la calidad de vida y aumentando el riesgo de complicaciones, incluido el suicidio.

La comprensión detallada de la evolución y desarrollo del trastorno bipolar subraya la necesidad crítica de diagnóstico temprano, tratamiento continuo y monitoreo a lo largo del tiempo (Martínez, Montalván y Betancourt, 2019).

Evaluación de Riesgos en el Trastorno Bipolar

La evaluación de riesgos en el trastorno bipolar es fundamental para comprender y abordar esta compleja condición mental. En este proceso, se consideran varios elementos con el objetivo de anticipar posibles desencadenantes y mitigar el impacto de los episodios maníacos o depresivos.

Identificar factores desencadenantes esencialmente implica reconocer situaciones estresantes, cambios en la rutina o eventos significativos que puedan precipitar episodios. Conflictos interpersonales, pérdidas importantes o modificaciones en la vida laboral son ejemplos de elementos que pueden aumentar el riesgo de desequilibrios emocionales.

La evaluación también aborda la adherencia del paciente al tratamiento. La consistencia en la toma de medicamentos estabilizadores del estado de ánimo es crucial, ya que la falta de adherencia puede aumentar la probabilidad de recaídas. Comprender y aceptar el plan terapéutico propuesto juega un papel fundamental en este aspecto.

Otro factor relevante es el análisis del posible abuso de sustancias. Evaluar el consumo de estas sustancias es crucial, ya que puede tener un impacto significativo en el curso del trastorno bipolar. Identificar y abordar el uso de sustancias contribuye a un enfoque integral de la atención y gestión de riesgos.

Importancia de la Colaboración Interdisciplinaria en el Trastorno Bipolar

La importancia de la colaboración interdisciplinaria en el tratamiento del trastorno bipolar radica en la complejidad y multifacética naturaleza de esta condición mental. Al abordar los diversos aspectos médicos, psicológicos y sociales involucrados, un enfoque colaborativo entre profesionales de diferentes disciplinas se vuelve fundamental para brindar una atención integral y efectiva.

Los equipos interdisciplinarios en el tratamiento del trastorno bipolar suelen estar compuestos por psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros especializados y otros profesionales de la salud mental. Cada miembro aporta una perspectiva única y habilidades específicas que en conjunto contribuyen a un plan de tratamiento más completo.

La colaboración interdisciplinaria permite una evaluación más exhaustiva de los factores desencadenantes, síntomas y necesidades individuales de cada paciente. Además, facilita la coordinación de estrategias terapéuticas, como la combinación de medicamentos, terapia cognitivo-conductual, psicoeducación y apoyo emocional.

En el aspecto médico, la colaboración entre psiquiatras y otros profesionales de la salud garantiza la prescripción adecuada y la gestión efectiva de la medicación. Mientras tanto, los psicólogos pueden ofrecer intervenciones terapéuticas que ayuden al paciente a comprender y manejar sus emociones.

Los trabajadores sociales desempeñan un papel crucial al abordar las implicaciones sociales y familiares del trastorno bipolar. Ayudan a construir redes de apoyo, ofrecen recursos comunitarios y trabajan para reducir el estigma asociado a la enfermedad.

Por lo que, la colaboración interdisciplinaria no solo reconoce la complejidad del trastorno bipolar, sino que también maximiza las oportunidades para un tratamiento holístico y personalizado. Al integrar diversas especialidades, se fortalece la capacidad del equipo para abordar los desafíos únicos de cada individuo afectado por el trastorno bipolar.

Tratamiento y Familia

Tipos de tratamiento

Uno de los aspectos más desafiantes del trastorno bipolar es la detección y diagnóstico temprano, ya que las personas a menudo viven durante muchos años sin un tratamiento adecuado debido a diagnósticos erróneos. El tratamiento oportuno es crucial, ya que no solo preserva la salud mental, sino que también evita posibles daños físicos y sociales. Aunque no existe una cura definitiva para el trastorno bipolar, la implementación de un tratamiento eficaz puede ayudar a controlar los estados de ánimo y minimizar la recurrencia de episodios (Arrieta y Santos, 2019).

Medicación:

Los medicamentos desempeñan un papel fundamental en el manejo del trastorno bipolar, abordando la desregulación del estado de ánimo y del pensamiento. Se utilizan distintas categorías farmacológicas según los objetivos terapéuticos (Bravo, Lahera, Lalucat y Fernández-Liria, 2013):

  • Estabilización y prevención de episodios: Incluyen fármacos como el litio, que es uno de los primeros medicamentos empleados en el tratamiento. También se utilizan anticonvulsivantes y otros estabilizadores del ánimo.
  • Episodios maníacos o mixtos: Pueden requerir antipsicóticos para abordar delirios y alucinaciones, ayudando a estabilizar el estado mental del individuo.
  • Depresión: En el pasado se usaban antidepresivos, pero ahora se aborda con precaución debido al riesgo de desencadenar episodios maníacos. A menudo, se combinan con estabilizadores del ánimo.

Es vital que el paciente comprenda la importancia de mantener una toma constante de la medicación, ya que interrupciones pueden llevar a la reaparición de síntomas (Vieta, et al., 2018). 

Psicoterapia:

La psicoterapia individual, especialmente la cognitivo-conductual, se ha revelado como una herramienta efectiva en el tratamiento del trastorno bipolar. Trabaja en varios aspectos (Colom y Vieta, 2004):

  • Control del estado de ánimo: Ayuda al paciente a reconocer y gestionar sus emociones, respondiendo de manera positiva a los factores desencadenantes.
  • Desarrollo de habilidades: Enfocada en equipar al individuo con estrategias para organizar su vida después de estabilizar los síntomas.

Intervenciones familiares:

La familia juega un papel clave en el apoyo al paciente con trastorno bipolar. Las intervenciones familiares tienen como objetivo:

  • Reducir niveles de estrés: Mejorar la dinámica familiar y reducir tensiones contribuye positivamente al bienestar del paciente.
  • Mejorar la comunicación: Establecer una comunicación efectiva dentro del hogar ayuda a comprender y abordar las dificultades.
  • Creación de un entorno de apoyo: Fomentar un entorno comprensivo y solidario puede contribuir significativamente a la recuperación del paciente.

La combinación de tratamientos farmacológicos y terapias psicológicas, junto con el respaldo familiar, crea un enfoque integral para el manejo del trastorno bipolar, mejorando la calidad de vida y favoreciendo la estabilidad emocional a largo plazo.

Papel de la familia

El papel de la familia es fundamental en el apoyo y manejo del trastorno bipolar. La comprensión y participación activa de familiares y amigos pueden marcar la diferencia en la vida del paciente. Algunas formas en las que la familia puede contribuir positivamente incluyen (Holmgren, et al., 2005):

  • Educación sobre el trastorno: Entender la naturaleza del trastorno bipolar es crucial. La familia puede educarse sobre los síntomas, los posibles desencadenantes y las estrategias de manejo.
  • Comunicación abierta y comprensión: La comunicación abierta y sin juicios es esencial. Durante los períodos de conducta difícil, la paciencia y la empatía son clave para mantener una conexión positiva.
  • Detección temprana de señales de alarma: Aprender a identificar las señales de alarma que indican una posible recaída es vital. La familia puede desempeñar un papel crucial al intervenir y motivar al paciente a buscar ayuda profesional a tiempo.
  • Apoyo emocional y contención: Brindar un ambiente seguro y comprensivo puede ayudar al paciente a sentirse respaldado emocionalmente. La contención emocional es esencial durante los momentos difíciles.
  • Involucramiento en el tratamiento: La familia puede colaborar en la gestión de citas médicas y apoyar al paciente en el seguimiento del tratamiento. La participación activa en el proceso terapéutico refuerza la efectividad del mismo.
  • Promoción de la conciencia y reducción del estigma: La familia puede desempeñar un papel clave en la educación del entorno social del paciente, promoviendo la comprensión y reduciendo el estigma asociado al trastorno bipolar.

Entonces, la familia no solo actúa como un sistema de apoyo emocional, sino que también desempeña un rol activo en la detección temprana y gestión del trastorno bipolar. La colaboración y comprensión familiar son componentes esenciales para mejorar la calidad de vida del paciente y fomentar la estabilidad emocional a largo plazo.

Prevención y Promoción de la Salud Mental

Estrategias Preventivas Efectivas

La detección temprana y el tratamiento adecuado son esenciales para abordar el trastorno bipolar. Campañas de concienciación y programas educativos dirigidos a profesionales de la salud y la comunidad pueden facilitar la identificación precoz de los signos y síntomas, permitiendo intervenciones efectivas.

Implementar programas de apoyo psicosocial ayuda a reducir el impacto del trastorno bipolar. Grupos de apoyo, tanto presenciales como en línea, proporcionan a los pacientes y sus familias un espacio para compartir experiencias y estrategias de afrontamiento, fortaleciendo la red de apoyo emocional.

Enseñar técnicas efectivas de manejo del estrés se presenta como una medida preventiva valiosa. La terapia cognitivo-conductual y programas de entrenamiento en habilidades para la vida pueden capacitar a las personas para afrontar el estrés de manera más efectiva, contribuyendo a la prevención de episodios maníacos o depresivos.

La promoción del bienestar físico, a través de estilos de vida saludables que incluyan una dieta equilibrada, ejercicio regular y un adecuado descanso, es crucial. Estas prácticas contribuyen a la conexión entre el bienestar físico y mental, ayudando en la prevención de episodios maníacos o depresivos asociados al trastorno bipolar.

Educación y Promoción de la Salud Mental

  • Desmitificación del trastorno bipolar: Campañas educativas dirigidas al público en general pueden desmitificar el trastorno bipolar, desafiando estigmas y prejuicios. La conciencia pública reduce la discriminación y fomenta un entorno más comprensivo.
  • Promoción del autocuidado: Enseñar a las personas habilidades de autocuidado y conciencia emocional es esencial. Talleres y programas educativos pueden ofrecer herramientas prácticas para el manejo de la salud mental.
  • Fomento de entornos de trabajo saludables: La promoción de ambientes laborales que apoyen la salud mental es clave. Capacitar a empleadores y empleados sobre la importancia de la salud mental en el lugar de trabajo puede mejorar el bienestar general.
  • Inclusión en el sistema educativo: Integrar la educación sobre salud mental en el sistema educativo es crucial para promover la comprensión desde una edad temprana. Los programas escolares pueden abordar el estigma y fomentar un ambiente de apoyo.

En conjunto, estas estrategias preventivas y acciones de promoción de la salud mental buscan crear una sociedad más informada, comprensiva y proactiva en la gestión y apoyo del trastorno bipolar, contribuyendo así a un abordaje integral de la salud mental en la comunidad (Colom y Vieta, 2004). 

Resumen

En la exploración del trastorno bipolar, este artículo ha desentrañado las complejidades de sus síntomas, tratamientos y la importancia crucial de la comprensión social. Más allá de los aspectos clínicos, se ha subrayado la necesidad de conciencia temprana, tratamiento continuo y colaboración interdisciplinaria.

Destacando el papel vital de la familia, no solo como apoyo emocional sino también como agente clave en la detección y gestión de la enfermedad, se ha resaltado la importancia de la comprensión y colaboración familiares. Las estrategias preventivas y la promoción de la salud mental ofrecen un rayo de esperanza hacia la prevención del trastorno bipolar y la construcción de una sociedad más informada y comprensiva.

Por lo tanto, se concluye que es esencial adoptar una visión compasiva y empática hacia el trastorno bipolar, reconociendo la humanidad detrás de la enfermedad. Tejer una red de apoyo proactiva se presenta como un elemento fundamental para fortalecer la resiliencia de aquellos que enfrentan este desafío, promoviendo un entorno que fomente la comprensión y la solidaridad.

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Referencias Bibliográficas

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  • Vieta, E., Salagre, E., Grande, I., Carvalho, A. F., Fernandes, B. S., Berk, M., & Suppes, T. (2018). Early intervention in bipolar disorder. American Journal of Psychiatry, 175(5), 411-426.